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CASTILLO DE TUREGANO



 

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CASTILLO DE TURÉGANO

La silueta absorbente del castillo de Turégano es universalmente conocida como telón de fondo de la típica y característica Plaza Mayor (oficialmente Plaza de España), en la que todavía, en las fiestas patronales, se sigue montando la otrora característica plaza de toros de madera. El popular artista Lope Tablada de Diego inmortalizó también esta panorámica en buen número de sus cuadros. Y es que la contemplación del castillo de Turégano siempre da motivo a la curiosidad, incluso a la divagación sobre sus orígenes y hechos históricos. Los restos de la fortaleza, que acaban de ser cedidos por el Obispado de Segovia al Ayuntamiento para su uso para fines culturales, parece que se asientan, con las correspondientes sucesivas construcciones y reconstrucciones, sobre un castro arévaco. Cuando en 1123 Doña Urraca de Castilla donó la villa y su comarca al Obispado de la diócesis, el obispo D. Pedro de Aagen mandó levantar una iglesia de tres naves con una torre-campanario. Por exigencias de las circunstancias y de los avatares que se vivían en la época, el recinto se convirtió en casa-fuerte de los obispos, fortaleza que se vio aumentada ostensiblemente en el siglo XV cuando el obispo D. Juan Arias Dávila ordenó levantar murallas, torres y otros sistemas de defensa, que fueron naciendo en torno al templo. La actual espadaña fue construida en 1703, aportándose así un elemento más, singular y un tanto discorde, al conjunto de la fortaleza. La Historia recoge la presencia en ella de Fernando el Católico, a raíz de su matrimonio con Isabel; también fue sede de la Real Chancillería trasladada allí en 1425; residió D. Alvaro de Luna y estuvo preso durante un año Antonio Pérez, el secretario de Felipe II.
Ahora parece abrirse un nuevo horizonte para este castillo; habrá que confiar en la inteligencia de los responsables de su puesta en marcha.