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SAN ANTONIO EL REAL



 

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SAN ANTONIO EL REAL

Este monasterio es, sin duda, uno de nuestros grandes monumentos, aún "no descubierto", incluso por muchos segovianos. San Antonio el Real conserva una colección muy importante de obras de arte, y tiene una historia muy sugerente. Las atentas religiosas de Santa Clara que habitan el monasterio, muestran con todo cariño el interior al visitante, un interior en el que pueden contemplarse estancias y objetos que se man-tienen prácticamente igual que en la época de Enrique IV, el rey enamorado de Segovia. Cuando aún era príncipe mandó edificar una casita de campo en este lugar, que pronto convirtió en palacete con ricas deco-raciones góticas y moriscas. En 1455 quedó fundado el monasterio, habitado por franciscanos observantes (que se habían separado de los claustrales). Aquéllos, en 1488, pasaron al convento de San Francisco (hoy Academia de Artillería), y el monasterio de San Anto-nio el Real fue encomendado a las religiosas de Santa Clara, ya en la época de los Reyes Católicos.La entrada a la iglesia se hace por una portada gótica de factura sencilla, protegida por un tejadillo (también hay otra portada con figuras en hornacinas y escudos, de acceso directo al convento). En el interior del templo sorprende el bellísimo artesonado de la capilla mayor, dorado, de traza morisca, uno de los más bellos de la región. En esta nave se contempla un excepcional retablo flamenco, del Calvario, formado por pequeñas figuras talladas en un bloque, plagadas de minuciosos detalles. Desde el templo se accede a la sacristía, con artesonado de pintura floreada, y en este punto, las amables religiosas introducen en el claustro, que sirve también como enterra-miento de las monjas fallecidas. En las capillas hay arte-sonados de gran belleza, imágenes y pinturas de épocas diversas. Destacan tres pequeños trípticos flamencos de la escuela de Utrecht, que pertenecen a la segunda mitad del siglo XV, realizados en "tierra de pipa", policromada, con escenas de la Pasión. Sobresalen también junto al claustro, el refectorio, con pulpito de la época de Enrique IV, y la sala capitular, de bello artesonado.Desde el claustro, por un pequeño portón y estrecho pasillo, se pasa a un gran patio cuadrangular, con grandes arcadas que sostienen columnas de 6-7 metros, rematadas por galena con baranda de madera. Por ultimo está la huerta, con una curiosa capilla dedicada a Santiago.