ABADIA
DE PARRECES
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ABADÍA
DE PÁRRACES
Dispersos
por la geografía segoviana se encuen-tran numerosos monasterios
que continúan vi-vos, con la función religiosa
para la que fueron creados. Pero de otros varios quedan únicamente
ruinas, y de algunos, sólo el dato histórico. Ruinas
hay también en la antigua Abadía de Párraces
-hoy propiedad particular conocida como Caserío de Pá-rraces-,
aunque se conservan el claustro, tres de cuyos lados cuentan
con dos plantas, y el refectorio, transformado en capilla. La
iglesia está ruinosa y el resto, reparado para vivienda.
La abadía tiene una historia amplia y compleja, cuyos
nudos hay que buscar en los textos de varios autores, de los
que se saca la conclusión de que fue uno de los famosos
monasterios de su época. Sobre su origen, los histo-riadores
consultados no marcan fechas concretas, pero se sabe que el término
de Párraces perteneció a un caballero llamado Blasco
Galindo, casado con doña Catalina, que poseían
un castillo en este lugar, en el que mandaron edificar una iglesia
con el nom-bre de Nuestra Señora de Párraces. Posteriormente,
el matrimonio cedió estas propiedades a la Iglesia de
Segovia, que entonces era de canónigos reglares de San
Agustín. Pero cuando en tiempos del rey de León
Ramiro 11 determinaron los canónigos dejar la regla de
San Agustín, uno de ellos, el Maestro Navarro, al que
se unieron otros religiosos, decidió seguir en ella, y
se aposentaron en Párraces. Allí, las insta-laciones
eran adecuadas para albergar medio cen-tenar de religiosos, y
en las tierras de labor fueron empleados vecinos del contorno,
quienes, con el tiempo, construyeron pequeños núcleos
de pobla-ción en las inmediaciones de la abadía,
algunos de los cuales subsisten. En 1565, el rey Felipe II consiguió
una bula del Papa Pío V para que la Abadía de Párraces
se anexionase a la de El Esco-rial, por lo que pasó a
ser seminario de los Jeróni-mos. La historia de Párraces
está llena de sobre-saltos y de pleitos, hasta su definitiva
decadencia a raíz de la desamortización. |