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IGLESIA DE VILLACASTÍN

Ante la enorme mole de la iglesia de Villacastín, "hay que descubrirse". Junto a su grandeza está la circunstancia de encontrarse situada en el punto más alto del lugar, por lo que su impresionante silueta se divisa desde larga distancia. Nunca encon-trará el viajero que camina por la carretera Madrid-La Coruña mejor faro para saber en qué punto se encuentra al cruzar por esta población segoviana. La iglesia puede contemplarse de cerca rodeándola por completo. Los espacios que la circundan están per-fectamente urbanizados, y de esta forma se pueden admirar interesantes detalles que ofrecen los muros. Este templo dedicado a San Sebastián fue declarado monumento histórico artístico en 1944. Su grandio-sidad es manifiesta tanto en el exterior como en el interior, hasta el punto de que la semejanza a una catedral, que suele atribuírsele, está perfectamente justificada.El edificio, de piedra gris, se levantó a lo largo de varios años, sobre planos de Rodrigo Gil de Hontañón, a quien se adjudicó el concurso convocado. Hubo otros directores de obras posteriormente, y los trabajos sufrieron algunas alteraciones e interrupcio-nes, hasta darse por definitivos en 1643. Natural-mente, con posterioridad ha habido que introducir modificaciones y nuevas obras para conservar el majestuoso edificio, que tiene tres portadas de épo-cas diferentes, una de ellas trazada por fray Antonio de Villacastín, natural de este lugar y que fue maestro de obras en El Escorial. La portada principal se debe a los arquitectos Pedro de Brizuela y Francisco de Vega y la tercera puerta parece ser del estilo de Brizuela.El interior es de una gran amplitud y considerable altura, con tres naves y bóvedas de complicada cru-cería. Posee un majestuoso retablo en el altar mayor con traza del hermano jesuita Andrés Ruiz, en cuya configuración participaron los escultores Pedro Ro-dríguez, Mateo Martínez, Juan Vela y Juan de Ribe-ro, con bellas pinturas del segoviano Alonso de Herrera.